• La luna nada y es todos los peces del mar

    Un lápiz
    en la mano del niño Pellicer
    un busto elegante
    de una jirafa contando tintineos
    un velero de perfil
    en el horizonte del mar
    un dedo mágico
    en el lienzo de Picaso
    un bailarín
    sobre la punta de un pie
    un larguirucho árbol
    conversando con la música del río Monet
    un uno
    que se alarga
    y se alarga
    como los caminos
    de
    la
    i
    m
    a
    g
    i
    n
    a
    c
    i
    ó
    n
    .

    No es un eclipse

    mas bien es la niña luna

    jugando con su sombra

    en el mar del cielo.

  • DIME QUÃ LEES Y TE DIRÃ QUIEN ERES

    (Si me preguntan quien soy, les mostraré un libro) [En el día mundial del libro]

    ¿Cómo comenzar esta historia de lectura, cuando la decisión de embarcarse en la odisea ha sido un poco tardía?
    Pertinente sería que a partir del deseo humano de contar y ser escuchado en su historia que da la experiencia de un lector de literatura, que si bien es cierto, llegó después de las primeras dos décadas y media de existencia de manera decisiva, la tardanza no siempre representa la tardía. Pues la lectura literaria ha sido y sigue siendo parte fundamental en mi forma de ser, de ser en el mundo de la cotidianidad, de concebir el mundo con una mirada diferente, más placentera que la de un lector de textos de ingeniería.
    Y, es que frente a los valores humanos que propone la tecnología, quiero decirles que están los de la literatura como una forma de equilibrio espiritual en el hombre. Frente a la imposición de ver el mundo únicamente con los ojos de la técnica a través del ritmo acelerado del instante; ante la actitud del hombre que pasa horas frente al televisor, la computadora o el consumismo, la lectura de un texto literario, su interpretación y comentarios me ha llevado a reflexionar críticamente. La literatura, el libro, la lectura, medio de expresión que permite percibir, analizar e interpretar el o los mensajes de una sociedad con una cultura superindustrial cuyo ejemplo característico, es el consumismo.
    La literatura que ha sido un modelo importante en mi formación humanística, que los libros de ingeniería no me aportaron hace veintiocho años. Pues, cualquier lectura literaria, es una forma que nos conduce a detenernos por unos instantes y vivir la experiencia del ser que somos, en medio de la celeridad exterior donde vivimos.
    Así, la historia que aquí cuento, tiene el deseo y la voluntad de compartir, con ustedes lectores, cómo la lectura ha cambiado mi vida. Mostrarme lo que soy a partir de lo he leído.

    La maestra Chelina
    Nací en el Centro Histórico de la ciudad de Villahermosa, en el último mes del año, a tres días de la década de los 60,s donde comenzaba la loma de la avenida; entre pupitres y pizarras tiznadas por el gis que deslizaba la mano mañanera de la maestra Chelina(la tía Marcelina, hermana de mi papá), preparándose como parte del ritual diurno para comenzar las clases en su escuelita. En su casa de Zaragoza, donde pasé gran parte de mi infancia y mi adolescencia. Donde aprendí a leer y a escribir a la edad de cinco años; donde tuve mi primer acercamiento placentero con el español y las matemáticas. Primogénito placer, por cierto, que esbozó las veredas por las que habría de caminar mas adelante y, tomar una decisión muy difícil entre uno u otro camino: entre la literatura o las matemáticas. Créanme, no fue y ha sido nada fácil hasta el momento. La lucha ha sido existencialmente cruenta; pero a mis cuarenta y ocho años de edad, he tratado que estos dos caminos no se bifurquen demasiado, y congenien de manera unitaria aunque sustancialmente me he decidido por lo que hoy soy: lectura, literatura, libro.
    Cierto es que en la escuelita de la maestra Chelina; libros, lo que se dice libros, no había en demasía, digamos, que uno podía encontrar, por ejemplo, el libro mágico y, un librerito pequeño en el rincón de unas de las recámaras, que se transformaba por las mañanas en salón de clases. Creo, si no distorsiono la nostalgia infantil, que este rincón fue mi primer descubrimiento de que existían más libros que el sólo mágico donde aprendí a leer y escribir.

    La tía nervios
    Pero en realidad, donde si había libros, y en demasía, era a la vuelta de la esquina, a dos cuadras de la escuelita. Pues allí se encontraba la Biblioteca José Martí, donde trabajaba de bibliotecaria, la tía nervios, hermana mayor de la maestra Chelina y de mi padre. Biblioteca que hoy en pleno siglo XXI conserva casi intacta esa su presencia de aquellos tiempos de niñez.
    No recuerdo a ciencia cierta como fui a parar un día a ese agradable lugar; pero lo cierto es que heme ahí un día a todo platicar con la tía nervios. De qué, no recuerdo, aunque ello no es importante ahora a pesar de las largas e interesantes charlas; pues la tía daba mucha confianza en ello. Eran pláticas casi diarias y, entre la chance y la risa, me fui ganando el derecho de permanencia, logrando su autorización a mi curiosidad de explorar lo que había detrás de esa puerta de lámina donde ella solo tenía autorizado entrar: claro, seguro que libros, pero, ¿qué tipo de libros y cuál su importancia de resguardarlos entre paredes de láminas?
    El misterio era tan fuerte para mi edad, que un día al fin abrí la puerta con cierto sigilismo, que desde luego fui venciendo a medida que el asombro crecía al descubrir la inmensidad de libros colocados en los enormes estantes de por lo menos cuatro metros de altura por unos veinte metros de largo, en realidad todo lo largo del edificio. Libros de todos los tamaños y ropajes.
    ¿Por dónde empezar la aventura? La exploración única en mi vida y, lo mejor que me ha pasado hasta ahora, era a lo largo y a lo ancho de los estantes auxiliado por una escalera de madera para leer los libros que se encontraban en lo alto de los estantes. La mayor parte, si no es que siempre, sentado sobre el piso sin que nadie molestara, pues que coincidencia, la tía nervios pocas veces accedió a buscar un libro que algún lector le solicitara. Yo simplemente entraba al pacillo o lo que en aquél entonces representaba para mí; una agradable cueva donde fantasmas y sombras eran despertados al momento de abrir uno, dos o los libros que la curiosidad tuviera en esos momentos. Fue una exploración que duró alrededor de los quince años, pues mi niñez tomó otros rumbos; entre los cuales puedo mencionar el inicio de la juventud y el futuro con sus nuevos recovecos de madurez, así como el cambio de residencia junto a mis padres. Sin embargo el camino sobre la importancia de la lectura, estaba trazado. Y, bueno, a pesar del cambio de estancia, yo seguía frecuentando tanto a la tía Chelina como a la tía Andreíta, aunque con menos frecuencia.

    Entre radionovelas, béisbol, lucha libre y una que otras historietas.
    En la casa de mis padres lo que menos había eran libros. Lo más que se le parecían eran las famosas historietas de Memín Pingüín y las del caballero del turbante blanco, llamado Kalimán el hombre increíble, y las preferidas de papá, los crucigramas, que a la fecha sigue siendo un aficionado o experto en ellos. La revista preferida por mí, desde luego: Kalimán. ”Caballero con las damas, tierno con los niños e implacable con sus enemigos”.
    Revistas, que pidiéndole permiso al canon de la lectura literaria, contribuyeron, como sea, en mi formación lectora, cuando de niño me la pasaba con mis padres los fines de semana, antes de irme a vivir con ellos a la edad de los quince años.
    De mi madre en igual forma que mi padre, tampoco tengo recuerdos de haberme leído un libro o hablarme acerca de ellos. Pues la odisea hacia donde ella me llevó fue a través de las ondas herzianas. No había un día que no escuchara esas voces cubanas, preciosas y deleitosas, a mis oídos; la de Charito y su galán, personajes de la radionovela “el derecho de nacer”; entre uno que otro viaje por las escenas del espectáculo artístico.
    Cuando llegué a vivir con ellos, de manera definitiva, otro era el ambiente, bueno, biológicamente era normal, y, académicamente, había terminado los estudios secundarios; así iniciaba los estudios preparatorios y al terminar estos debía de elegir el camino universitario, no sé por qué pero en lugar de tomar el camino que me conducía hacia la literatura; elegí el que más se acercaba al de las matemáticas, el camino de la ingeniería. Sin embargo había algo allí que hacía que el tránsito no fuera tan fluido, porque el eco de las lecturas de mi niñez retumbaba con intensidad entre las paredes de láminas donde pasé mis mejores días. Terminé mi carrera de ingeniero; ejercí sólo por dos años y medio, pero esto me sirvió para ubicar el camino que debí tomar de siempre, los senderos de la lectura, las veredas de la literatura. A los veinticinco años, cuando obtuve el grado de ingeniero; vino, de allí en adelante, el reencuentro con la lectura, el descubrimiento de una nueva experiencia lectora: la Biblia. Un camino nuevo, que abrió a mi madurez, los senderos más sólidos a mi vida.
    Por ello, si hoy me preguntaran quien soy, les diría, lectura.

  • DIME QUà LEES Y TE DIRà QUIEN ERES (Si me preguntan quien soy, les mostraré un libro)

  • DIME QUÃ LEES Y TE DIRÃ QUIEN ERES

  • En el día mundial de la poesía, del Gran mago

    POESÍA

    Los huesos no responden
    al acto de una escena peturbadora
    yacen tirados al impacto de una noticia: sólo miseria.

    Intento pararme y resbalo
    en la sangre que he derramado,
    trato de nuevo y ni un peldaño camino hacia la cumbre.

    Busco unas manos salvadoras
    que levanten mi espíritu inerme
    y te encuentro a tí, que me rescatas
    que me das a beber de tu savia
    para que la vestimenta gris luzca opulencias.

    Ahora sí respondo contra espinas y calvarios
    porque estoy desnudo junto a tí
    dispuesto a continuar
    el próximo capítulo de los hombres.

    (1992).

    DESPUÉS DE...

    Si ustedes supieran lo que guardo en el morral
    en verdad que cada uno encontraría la parte que le corresponde.
    Recuerden
    estuve en cualquier rincón.
    Pero, no teman, reciclaré el desperdicio
    para revestirles con una nueva textura.

    Cierto
    un extraño en la ciudad de los fetiches
    que me creyeron marciano
    objeto de estudio:

    Patadas
    Escupitazos
    Tortura
    Silla eléctrica.

    Jamás cenizas
    siempre luz sobre mesas.

    A pesar de todo.

    (1992).

    Al principio
    lejanías acaracoladas en el horizonte invisible
    El sinsentido azaroso de una como leche angelical
    El bastón de la ceguera alabeando el contorno de lo sinvida
    El esbozo de un corazón donde se asoma tímidamente la luz de lo muy lejos
    Lo que nunca fue imaginado por la pequeñura sin fin
    ¡Cierto!
    El camino de la noche ha sido escabroso en las calles de lo lejano, en las calles donde el farol anuncia siempre su abandono
    Pero las cosas pasan
    y un día cualquiera la linterna polvorienta alumbró en el hibernadero de la arboleda pequeña

    Pasos lentos con la baba lechosa en los labios de un loco cavernario cambiando siempre el sentido de las puertas
    donde se encuentra el esplendor de mi alejamiento. Donde
    no envejecen las luces de madera.
    Las rendijas donde se hospeda el impensable murmullo de
    árboles algodonados. Donde el prodigio de nuestra
    hechura minúscula es la diáspora amorosa de la cinta
    perdida que emigró de lo muy lejos.

    Pero las cosas pasan
    y el aire nos recuerda las primeras formas de las pequeñeces en el fondo de los caracoles sordos, en el desenrrolladero donde comenzó la historia de los Toraluces apagados. Donde se guarda el olor de las ausencias, donde se esboza cualquier nombre en un lejano eco
    Donde descansa la impensable mirada azarosa;
    el rocío donde se arquea la fantasmagórica lentitud de la rareza
    Sí,
    las cosas pasan
    y uno es charcura de luces claroscura por dentro;
    estanque vacío de perfumes sedosos
    que algún día —nadie sabe cuál, sólo el libro invisible de lo muy lejos—
    sembraron unos labios solitarios y lejanos.

  • Buscándole cabeza a los pies

    Uno es el juego que juegan los consorcios televisivos; otro sus comentaristas, y otro muy

    diferente el que juegan los jugadores de futbol. Lo cierto es que la selección mexicana de

    futbol sub-23, se despidió de asistir a los juegos olímpicos de 2008.

    ¿Hay algo que añadir a ello sin carroña alguna?

  • También ellas son luces

    También ellas son luces
    detrás de los ventanales empañados
    por el paso de los distanciamientos rarosos.
    Luces que se inventan a sí misma
    para viajar por las rendijas de las ventanas
    que han forjado los llamados amorosos de la ciudad de hierro.
    Luz rosácea que abraza el corazón del día, para despertar del largo letargo de las distancias que dicen tienen los ojos.
    Luz de todas las luces
    de todas las legañuras de los árboles inmóviles.
    De aquéllas que gustan teñirse en el estanque de los trampantojos
    en el espejo donde una vez dijo el poeta escéptico
    hace ya muchos otros ayeres, que todo es vana ilusión.
    Donde la mirada le ha prestado sus ojos al alejamiento.
    Aroma rosáceo que desprende el fruto de sus mejillas
    porque ella, todas ellas, también son luces.

    La textura y el color de la piel es esplendorosa;
    el tenue y sedoso follaje de tus cabellos
    la forma esculpida del rostro
    la fina escultura del cuerpo
    el acento de tu voz,
    aroma y fragancia de los vientos todos
    el movimiento del tiempo y del espacio carnoso
    ciudad frondosa y exquisita
    que perturba a cualquier animal arcaico
    recogiendo sus babas sobre el tapiz de concreto
    la imagen del espejo de ella,
    verdad de los hombres
    ¿Pero,
    qué hay detrás de esas luces que desprende la arboleda de sus ojos?
    ¿Qué hay detrás de esos espejos donde me veo, pero aún no me he encontrado por ser la ciudad que soy?
    La invitación,
    cierto,
    sobre la mesa.

    Los caminos para adentrarse, siempre están a la espera.

    Concédeme, Elena
    un lugar debajo de tu arboleda
    para acercarme a la espera de mi esperanza
    después de largas ausencias en los alejamientos.
    Un lugar para sentir la brisa de tu esplendor
    y acaricie la herradura con que estoy hecho desde hace muchos ayeres.
    Un lugar en el lago de los nenúfares
    donde laven sus ojos los ciegos.
    Una luz que tome de brazos a los desamparados de amor.
    Un rinconcito donde siempre se me vaya la vida.

  • Productividad y con calidad, sí, pero con ética

    Productividad en el sentido de generar conocimiento para ampliar los márgenes de libertad de cátedra y aprendizaje. Investigar en el sentido amplio de la palabra. Cuestionar, analizar, argumentar y dar respuesta al fenómeno educativo, de manera consciente y en a esencia; no de manera frívola, creyendo que esto es un acto de pragmatismo puro sin considerar los problemas éticos que tal visión implica.
    Y es que esto viene a cuento debido a voces que en materia de educación superior se manifiestan sólo en una dirección, como algo absoluto; sin otra salida al problema del financiamiento de las universidades públicas del país (es decir al ingreso en éstas), que el de la productividad y calidad que se tiene o que tienen las empresas tradicionales, donde hay patrones y obreros con brazos, manos y pies, donde hay que producir más con menos. Donde la productividad es una función de la migaja monetaria que el gobierno en turno se digna en soltar.
    Para esta visión; productividad implica cuidar los índices de calidad, o lo que es lo mismo que los profesores, por ejemplo, tengan estudios de maestría o doctorado sin importar si éstos son de dudosa procedencia o no; que se asista a congresos, que además de tediosos, son monótonos; publicar en revistas demasiadas rígidas y cerradas como para publicar; asistir a cursos y diplomados sin importar si es del interés o no del profesor; es el papel que haga constar de los factores e indicadores que se hacen merecedores los maestros para su constante evaluación.
    Factores e indicadores barnizados de calidad.
    Instrumentos de productividad, caso omiso de la libertad de aprender y, por lo tanto de enseñar. Instrumentos diseñados, en todo caso, para mirar lo superficial. Porque si en algo caracteriza a este concepto de productividad, es la superficialidad enmascarada de cierta ciencia aritmética que permite cuantificar los indicadores obtenidos por la mayoría de los maestros. Nada más alejada esta cuantificación de la calidad.
    En síntesis, entrarle por entrarle, porque hay que sumar; de lo contrario no hay entrada de dinero, ni mucho menos los famosos estímulos docentes, es poco moral. Argumentar que no hay otro camino ante la realidad que se vive, como lo anterior, es poco responsable por parte de los rectores y rectoras que se han embarcado en el absolutismo de la cuantificación. Poco responsable y frívolo en su decisión de éstos.

  • La estética del engaño

    Esto es un fragmento de la primera parte del libro de poemas que lleva por título "La estética del engaño".

    2

    La cara incipiente del día estaba llena de burbujas de colores con interrogantes incesantes en los pies.
    El que comenzó todo este juego, leía un hormiguero negro de letras sobre el papel periódico; algo así como de buscarle cabeza a éste.
    Leía (por cierto cosa rara en él, pues a su edad y para estos asuntos de la patada, no era necesario):

    Ciertamente, que el juego del calabi se juega con los pies y con un mínimo de intuición y otro de azar. Pero detrás de patear el juguetito de extremo a extremo hasta encontrar la finitud definida por una red, puede tener una explicación teórica de lo que sucede dentro del campo de juego como para crear una praxis donde también se juegue con la cabeza.
    Por supuesto (ya con la mirada en el segundo párrafo del hormigueo periodístico, cuya fecha no era posible distinguir por más que acercara la lámpara de halógeno o el cristal de la lupa que descansaba sobre la mesita de trabajo, pues el tiempo le había cambiado el color de su cara), para quien ha jugado este juego, esta manera de ver las cosas es innecesario. Por un lado a los jugadores les interesa ir en busca tirar y meter el gol ansiado; por el otro, evitar esa búsqueda, ese tiro; ese gol en torno al cual gira el significado de este juego. Así, en ambos sentidos, la explicación de jugar el calabi en cualesquiera condiciones que se trate.
    Es el pie, ante todo, quien hará todas estas funciones; pero también el cuerpo, la frente, la cabeza en cierta forma, con sus mínimos de pensamiento para deleitarse con un dribling, con un spring; con tocar el calabi en corto, en largo; con gozar el efecto de éste en un tiro libre y, más si el disparo llegara a parar a las redes ante la mirada angustiada, fría de los jugadores adversarios quienes ven en el fondo a un arquero que quiso pero no pudo descifrar la trayectoria geométrica del esférico.

    Háblame de las metáforas de los pies que alabean el
    corazón del viento por los caminos torcidos.

    Para jugar este juego no se necesita tanto una explicación sabihonda; se requiere, en la práctica misma, del dominio y la destreza de quien ya hemos mencionado para ser fiel amigo de éste; ser conocedor de las funciones de cada jugador dentro de la cancha, así como del conocimiento estratégico del movimiento de éstos. Ser un cierto filósofo de la praxis calibaneana, un conocedor de la filosofía de los pies. Sin embargo, esta filosofía no es suficiente como para explicar con el uso de la razón la trascendencia cognoscitiva que representa este juego como objeto de estudio. Visualizar a éste como una concepción de vida donde se fusionan todas las teorías del conocimiento humano que existen hasta el momento, es jugar no sólo con los pies sino con la cabeza.
    Así el gol en este nivel de especulación intelectual (fuera de todo azar) representa la unidad, la fraternidad, el abrazo de las posiciones extremas y, sin duda, como alguien ha dicho, una expresión erótica en donde el objeto: el calabi y, el sujeto: los jugadores, el público; logran culminar su éxtasis a través de éste.
    El logro del gol, es el resultado de un acuerdo entre las distintas posiciones de juego que se da en el diálogo; en otras palabras; es el trabajo de equipo, el juego de conjunto. Así, por ejemplo, vemos que en cierto momento un defensa ocupa o comparte la posición de un delantero sin que exista por esto fricción alguna. Es ante todo un acuerdo de posiciones entre ambas.
    Acuerdo que repetidamente no se da en la vida mundana; en la coloquial, en la arcaica y mucho menos en la que todos creen saberlo todo.
    En estos últimos principalmente, el acercamiento entre las distintas posiciones teóricas se da muy poco; en cambio, en este juego calibaneano es constante, así lo demuestra el logro del gol y, cuando no llega, algo falló en el diálogo entre la onceava de un lado y la otra por el otro, o simplemente intervino el azar de los azares, significativo para bien o para mal de ambas partes

    3

    El artículo había terminado de ser leído con el pensamiento sobre la polvosa cancha de la mesa. La pregunta planteada en su origen, era aún cada vez más persistente e insistente en los pies.
    Estaba maravillado por las combas geométricas que el rústico pie trazaba con delicadeza. Qué trucos, qué magia, qué secretos era conocedor éste para lograr los caminos de asombro de quien se inicia en el juego de los pies. La pregunta era concreta: ¿con qué parte de la patada se acariciaba el calabi?, de manera que la estética de las quebraduras tendiera sus ilusionismos en el lugar de las soledades. A veces un lugar, por su misma condición de falaces esperanzas, como de voces y miradas de caminantes perdidos queriendo llenar de bullicios las redes del hombre solo.

    La caricia tenue y firme sobre la piel del viento
    convexa.
    Anversa
    del pie.
    Al rincón de las soledades donde pocos miran
    porque no se está acostumbrado.

    Donde el secreto de su rostro solo es visualizado
    por el esbozo de la música que emite el trazo engañoso de la curva.

    ¡La curva estética del engaño!
    ¡La ilusión de los engañados!
    ¡El asombro de alabear el viento!

    Nuevas preguntas surgían de los botines del que comenzó todo esto en su origen desde el instante en que fue seducido por la magia ilusionista del calabi, del esférico como según lo llamaban los malabaristas de los anacrónicos tiempos balonmunderos.
    Porque esto era la derivación del juego de los rarosos, es decir, del balonmundo.

  • Sin pies ni cabeza

    Políticamente este año 2006 inició su recorrido en motocicleta, con un pasamontañas de por medio, como forma de legitimar el discurso político de los indígenas, la voz, también ahora, de los obreros, estudiantes, maestros, entre otros sectores de la sociedad civil; frente al discurso de los partidos políticos tradicionales y sus candidatos presidenciales, como también el de los empresarios pudientes y todopoderosos que se dan el tiempo necesario para firmar pactos de civilidad electorales.
    Recorrido motociclista, que no sé por qué, pero me esboza cierta imagen de la película “Diario de un motociclista”: El Ché Guevara; Gael García, el actor mexicano, el mismo de “amores perros”, montado en una . Cierto, comparación que puede resultar burda en todos los sentidos; pero la percepción de la imagen frente a la actitud escenográfica y mediática del delegado cero, para recorrer el país políticamente se asemeja a la de la película, por lo menos en cuanto a motocicleta se refiere. Porque, claro está, pudo haber elegido un burro, una bicicleta, un triciclo, ya no digamos un patín o, a lo más uno del diablo. Pero, bueno, el simbolismo es el simbolismo y, en ese sentido el subcomandante Marcos y delegado cero a la vez, eligió una motocicleta.
    2006, inició, además de la “otra campaña” motocicletera, con el asesinato de un migrante mexicano más a manos del gobierno esquizofrénico estadounidense. Era pollero, dijeron los humanistas vecinos de nuestro país.
    No hay razón más humanitaria, que matar.
    Y, de ello, ¿cuál ha sido la postura política del presidente de la República? Acertaron: Pírrica; no se vaya a enojar el otro botudo.
    Sí, el trazo de este 2006, también nos ha regalado un tercer momento, aunque pareciera no tener nada que ver con la praxis política mexicana que desde hace buen tiempo no presenta buena salud y, nada que ver con la práctica de la política globalizadora; pues la aparente gran distancia que existe entre política y deporte; entre política y futbol; es precisamente la lo que lo hace estar más cerca, por lo menos en lo extrafutbolístico, fuera de la cancha, como para vislumbrar la imagen que así lo confirma la escena televisiva donde el director técnico argentino de la selección mexicana de futbol, poco faltó para meterse en el cuarto del hotel donde se hospedaba un jugador argentino del equipo representativo de la Universidad Autónoma de Nuevo León, y apurarlo a poner en reglas sus papeles que le permitan obtener su naturalización mexicana y pueda ser llamado a formar parte del seleccionado; pues a juicio de él, cumple con el máximo de criterio de calidad futbolística tomando como parámetro mundial el nivel mostrado por jugadores extranjeros que juegan en España, como Ronaldinho, Figo, Zidane, entre otros (cómo me recuerda esta escena; la cantaleta del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, entre otras organizaciones mundiales neoliberales, así como ciertos comisarios nacionales, machacando ese último lugar con que nos han condecorado, no sólo en educación, sino en casi todos los rubros; en comparación con los países desarrollados); pues es la condición que ha impuesto al mejor jugador mexicano, según los expertos analistas deportivos y, que al parecer del técnico argentino, no la cumple.
    Aunque los directivos del futbol mexicano, esos que se llaman de pantalones largos, han ventilado debido al forcejeo periodístico en contra de ellos, que la actitud (denigrante hacia el jugador mexicano, porque si fuera por el director técnico del seleccionado, el equipo mexicano estaría integrado en su mayoría por extranjeros, aunque le etiquetara a los jugadores lo de la naturalización. Cómo me visualiza este señor, la imagen de un comisario del Banco mundial, tratando de entregar el representativo nacional de futbol a los extranjeros) del director técnico hacia el mejor jugador mexicano es más bien de castigo por indisciplina de éste y, no otra. Salida demasiado tarde; pues las declaraciones fuera de la cancha de este señor técnico y los testimonios de jugadores, muestran que no se trata de simple indisciplina del jugador, sino más bien de mentalidad arrogante del técnico de la selección mexicana. Mentalidad ingenua, creyendo que con jugadores extranjeros y no nacionales, se puede alcanzar la gloria deportiva, ya no digamos la gloria política. Y aunque la lograra de una a mil; esta será siempre efímera.

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